PLAY-DOC CIERRA SU NOVENA EDICIÓN CON CASI 6.000 ESPECTADORES

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– Directores, críticos, productores y programadores gallegos debatieron ayer sobre el

buen estado de la cinematografía independiente de Galicia; coincidiendo en que hay
filmes que “conviven en pie de igualdad con propuestas de todo el mundo”, sin que
existan apoyos de instituciones regionales para promover su producción y distribución.
Tui, 18 de febrero de 2013. Play-Doc Festival Internacional de Documentales de Tui cerró ayer su
novena edición con casi 6.000 espectadores, lo que confirma la fidelidad del diverso público del
certamen. La jornada de clausura estuvo marcada por la presentación de los resultados del quinto
taller ‘El retrato filmado’, que documentó la vida de varios tudenses a lo largo de un lustro, de la
mano de jóvenes cineastas; y por el debate abierto al público entre directores, críticos, productores y
programadores gallegos, moderado por el historiador de cine Manolo González.
En la mesa de debate se sentaron los cineastas Xan Gómez y Lois Patiño, con filmes en la selección
de este año; la productora Beli Martínez, responsable de Arraianos, en la sección oficial; y Martin
Pawley como representante de la crítica. Este fue el primero en intervenir, contextualizando el
Nuevo Cine Gallego, etiqueta que él, entre otros, creó. Si bien admitió que “las tres palabras son
cuestionables y todas admitían debate” a la hora de acuñar el término; esta nomenclatura ha
cumplido su función original: “Darle visibilidad a este cine”.
Los nombres que la componen son muchos y diversos. Entre ellos, Xan Gómez, que sí ve “una
coincidencia en la manera de considerar el cine”, pero no cree que exista “una generación en el
sentido de las nuevas olas de los años 60”. Lois Patiño, por el contrario, afirmó: “Yo sí me siento
dentro”. Para el autor de Montaña en sombra, lo importante es que todos comparten la voluntad de
“explorar nuevas líneas de expresión en el lenguaje cinematográfico”. Pero más allá de las pequeñas
discrepancias que se mostraron en estas consideraciones, todos estuvieron de acuerdo en algo “que
es objetivo y cuantificable”, recordó Pawley: la presencia de estos títulos en festivales tan
importantes como Cannes, Locarno, Copenhague, Roma o Marsella, entre otros. Estos filmes
“conviven en pie de igualdad con propuestas de todo el mundo”, recalcó el crítico de Acto de
Primavera.
Otro de los grandes puntos de acuerdo fue la preocupación sobre el futuro, si no se ponen las
herramientas adecuadas para la continuidad de este fenómeno. “Las ayudas al talento solo suponían
un 8% del total del presupuesto dedicado a la producción”, recordó Manolo González. Y añadió,
aludiendo a la selección de los filmes en festivales internacionales: “Nunca una inversión tan
pequeña, dio resultados tan espectaculares en términos cinematográficos”. Lois Patiño se quejó de
la poca implicación de la administración en este terreno. “Si estas películas se cuentan como
embajadoras de Galicia, debería haber dinero para realizar los filmes que queremos, ?no?”,
argumentó. Xan Gómez, consciente de que la situación puede quedar estancada mucho tiempo,
llamó a “buscar formas de financiación alternativas”.
El programador del Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI), Jaime Pena, que estaba presente en
la sala, comentó que una posible salida a este bloqueo sería la “aparición de un Luis Miñarro en
Galicia”, en referencia al prolífico productor catalán, que apoyó las carreras de Isabel Coixet o
Apichatpong Weerasethakul, entre otros. La clave del éxito de esta generación, según Pena, es que
“tuvo muy claro desde el principio que no podía hacer el cine de Martin Scorsese, pero sí el de Raya
Martin”. Este famoso director filipino logró generar interés por otros filmes producidos en su país,
caso también aplicable a cinematografías como la portuguesa o la rumana, donde también se vendió
de cara al exterior una imagen de importante relevo generacional.
En este sentido, “hoy es más fácil programar un filme gallego que hace tres años”, indicó Pawley,
argumentando que la selección de Oliver Laxe en Cannes en 2010 fue “la primera bandera clavada”,
que ayudó a otras después a llegar a donde han llegado.
Sin embargo, junto a la recuperación de las ayudas al talento, o la búsqueda de nuevos modelos de
financiación; hay otro pilar clave para el mantenimiento de esta efervescencia en el futuro: la
educación. Beli Martínez fue aquí la más crítica, argumentando que todas las universidades y
escuelas de imagen y sonido de Galicia “enseñan como si todos los alumnos tuvieran que producir
una superproducción”. La realidad es que la inmensa mayoría van a tener que trabajar con
presupuestos ínfimos y, en ese terreno, la propuesta del Nuevo Cine Gallego parece muy idónea.
Son estos métodos de producción independiente, los que hay que incorporar a la docencia, defendió
la productora de Arraianos.

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