El Naufragio del pesquero portugués Santa Ana en Cabo de Peñas deja al descubierto la incapacidad de los responsables de Sasemar

Los erróneos criterios de Sasemar dejan al descubierto agravios comparativos por los que deberían asumir responsabilidades.

El naufragio del pesquero santoñes Nuevo Pilín en noviembre de 2004 permitió entonces el arrastre con la ayuda de flotadores hasta el puerto de Bilbao.

Pladesemapesga exige aclaraciones públicas, un derecho ciudadanos y de las familias de los fallecidos.

 

En noviembre de 2004 el  Ministerio de Fomento remolcó los restos del pesquero santoñes “Nuevo Pilín” al puerto de Bilbao. El traslado del pesquero a aguas más tranquilas permitió a los buceadores trabajar con mayor rapidez y seguridad en la inspección de su interior para localizar a los dos marineros desaparecidos.

El servicio de Salvamento Marítimo del Ministerio de Fomento remolcó los restos del pesquero “Nuevo Pilín” al Puerto de Bilbao, tras aumentar previamente su flotabilidad con la fijación de flotadores.

El equipo de buzos logró  colocar unos flotadores  aumentaron la flotabilidad de los restos y permitieron el remolque de los restos del pesquero hasta el puerto de Bilbao, para proceder a una inspección exhaustiva del interior del barco.

El ‘Nuevo Pilín’ volvía dirección a puerto, tras faenar en aguas francesas donde había pescado 300 kilos de rape, cuando de madrugada saltó la radiobaliza del barco advirtiendo de que el pesquero podía tener problemas. Lo recuerda Miguel Fernández, hoy presidente de la Cofradía de Pescadores Virgen de Puerto de Santoña y, entonces, patrón del ‘Nuevo Salvador Padre’ que, como tantas embarcaciones, estaba aquella noche en alta mar camino ya de tierra.

 

 

«A las 5.30 horas saltaron las alarmas y Salvamento Marítimo se puso en contacto con la emisora de nuestra Cofradía para ver si conseguían hablar con el patrón porque podía ser una falsa alarma. Pero no daban ninguna señal».

La ausencia de respuesta llevó a Salvamento a poner en marcha el dispositivo de rescate (helicóptero, lanchas…) a la vez que desde la emisora de la Cofradía se dio aviso a todos los pesqueros que estaban por la costa vizcaína para que intentaran localizarlo.

 

«Teníamos la esperanza de que no hubiera pasado nada», relata Miguel. Los compañeros estuvieron rastreando la zona pero «hay que tener en cuenta que era muy de noche y, sin luz, si estaba volcado no se divisa», apunta Luis Herrera, secretario de la Cofradía. A ello se suma que el sistema de radio baliza dio hasta tres coordenadas distintas.

Así, hubo que esperar al amanecer para que el helicóptero de Salvamento encontrara el pesquero. Fue localizado, a eso de las nueve de la mañana, a diez millas del norte de Punta Lucero con la ‘quilla al aire’ (completamente volcado), según recogen las crónicas de periódicos tanto regionales como nacionales. «Recuerdo que me llamó mi hermano Salva, patrón del ‘Mar Caribe’ y el único que todavía seguía allí, para decirme, todo asustado, que el helicóptero lo había encontrado dado vuelta», apunta Fernández. «Fueron momentos de angustia».

Angustiosa búsqueda

En ese mismo instante, se movilizó a todos las embarcaciones grandes de Santoña, Colindres, Castro Urdiales y Laredo que se desplazaron al lugar del accidente para echar una mano en la búsqueda de los pescadores. Sobre las once y media de la mañana se cumplieron los peores presagios al encontrarse flotando por los alrededores los cuerpos de José Luis Fernández, de 49 años, y José Legaz, de 45.

Mientras, todas las miradas se dirigían al interior del barco donde podría hallarse el resto de la tripulación. Según cuenta Miguel, «Salvamento Marítimo tenía que traer los ‘ranas’ especializados desde Alicante y desde la Federación se contrató a unos buzos de Santander que llegaron antes». «Uno de ellos -relata- se tiró y vio a una persona muerta en el puente de mando del barco pero desde Salvamento no se les dio autorización para sacarlo», lamenta.

 

Hubo que esperar a que llegaran los otros ‘ranas’ casi a las cinco de la tarde. «Pero, a esa hora, ya hacía muy mala mar, con quince nudos de viento, y no se pudieron tirar», cuenta con resignación el presidente de la Cofradía, quizás, con la esperanza de que si se hubiera concedido permiso para actuar, se podría haber conservado una vida. Y es que una de las críticas que los pescadores santoñeses trasladaron entonces fue que «si se hubiera trabajado con más rapidez quizás alguno estaría vivo». Algo que, lamentablemente, nunca se sabrá.

 

Lo cierto es que los diarios de aquella jornada, haciéndose eco de fuentes de la Subdelegación del Gobierno en Vizcaya, recogieron que las malas condiciones de la mar y la falta de luz complicaron las tareas. Aquella tarde «los buzos no consiguieron acceder al barco. Al no estar asegurada la posición de ‘quilla al aire’ en la que permanece desde su localización, existe el riesgo de que se hunda si se procede a romper los cristales de la cabina para recuperar el cuerpo hallado, lo que pondría en riesgo a los buzos y además impediría recuperar con vida a alguno de los dos tripulantes restantes, en el caso de que permanezcan en una burbuja de aire en el interior del barco».

 

De ahí, que gran parte de los esfuerzos del dispositivo se centraran en evitar que el barco se hundiera, algo que se consiguió atándolo a otra embarcación, ya que no se pudieron colocar las boyas que hubiesen permitido mantenerlo a flote de forma más estable.

Y, mientras todo esto ocurría, decenas familiares y vecinos apuraban las horas de aquel 19 de noviembre a la espera de alguna noticia en el puerto de Santoña. La emisora de radio, en continuo contacto con las embarcaciones de la villa que se acercaron al lugar del siniestro, anunció que la tareas de búsqueda se aplazaban a la jornada siguiente.

Fue minutos antes de las doce del mediodía cuando los buzos sacaron, finalmente, el cuerpo sin vida de Elías Gallego, atrapado en el interior de la cabina. Revisaron parte de la embarcación en busca de los otros dos desaparecidos, sin encontrar rastro alguno.

Llegada a puerto

Aquella misma tarde el ‘Nuevo Pilín’ fue remolcado hasta el puerto de Santurtzi donde se reflotó para continuar con la inspección del resto de compartimentos que quedaban pendientes. Pero la búsqueda nuevamente fue en vano. De forma paralela, Salvamento ampliaba la zona de rastreo en la mar, explorando los 50 kilómetros de litoral que hay desde Castro Urdiales a Elantxobe. Un trabajo reforzado por las embarcaciones cántabras que, una vez concluido el dispositivo oficial, «continuaron buscando a sus compañeros toda la semana» -rememora Miguel- sin hallar ninguno de los cuerpos.

 

Sobre la causas del naufragio -apunta el secretario- no hay una teoría clara. «Se habló de que la construcción no era correcta pero lo cierto es que había pasado todos los controles de estabilidad». Se pensó en un posible choque con un contenedor a la deriva. «Es probable que fuera un golpe de mar». Y es que, sostiene Miguel, «si le entra agua al barco, a veces el patrón avisa. Pero no hubo ninguna llamada de auxilio de Elías».

 

Algo que les lleva a pensar que «ocurriese lo que ocurriese tuvo que ser muy de golpe. Repentino. Lo que pasó sólo ellos lo saben. El resto son conjeturas». Y como a otras muchas, a esta tragedia también se asomó la muerte de refilón pues aquella ocasión «no salieron a faenar ni el hijo del patrón ni el otro socio del barco que estaban de baja».

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