La historia de la carta del Titanic, subastada en 136,000 euros, sirvió a James Cameron para montar la leyenda de “el corazón de la mar” en su laureada película.

i Benjamín Hart hubiese cumplido el encargo de su mujer, esta carta nunca se habría  recuperado.

 

San Sebastián, 29 abril 2014:       Jesús Ferreiro,  presidente de la Fundación Titanic, entrevistado para el programa de Iker Jiménez, “Cuarto Milenio”,  de Cuatro TV, recordó que,  en la fría mañana del domingo 15 de abril de 1912,  cuando Esther Hart escribió la carta de agradecimiento para  enviarla  a sus familiares de Ilford,  que les  habían ido a despedir a los muelles de Southampton, ni en sueños se habría podido imaginar que la historia de su misiva iba a servir para montar la  leyenda de “el corazón de la mar” en la película más laureada de la historia.

Una vez que la señora Hart, en su camarote del Titanic,  terminó de escribir la carta, la metió en un sobre y se la entregó a su marido para que la depositase en la cartería de a bordo, situada en la parte de proa, a estribor, y muy lejos del camarote que ocupaba Benjamín Hart, su mujer, Esther y su hija Eva, de solo siete años.    Después de la comida, Esther le recordó a su marido que tenía que entregar la carta,  por lo que Benjamín salió para la cartería, en proa, y Esther y su hija para su camarote, en popa.

En su recorrido hacia la cartería, Benjamin se encontró con uno de los carpinteros del Titanic, cuya esposa era de Ilford, y comenzaron a charlar mientras paseaban por la cubierta.   La conversación fue apasionante y larga, tanto que a Benjamín se lo olvidó que en el bolsillo de su abrigo de piel llevaba una carta para depositar  en la cartería.

Cuando el Titanic, a las 23,39 horas del domingo 15 de abril rozó suavemente el iceberg que causó su hundimiento, Esther Hart  permanecía despierta, en la litera superior de su camarote y vestida (siempre dormía vestida), por lo que fue ella la única en sentir el suave roce con el iceberg, despertando a su marido y a su hija y subiendo rápidamente a la cubierta de botes, por lo que, Esther y su hija Eva,  pudieron embarcar en el bote nº 14, uno de los primeros en ser arriado al mar.   Benjamín no fue autorizado a subir a bordo del bote pero, en el último instante, se quitó el abrigo y cubrió con él a su mujer y a su hija, sin recordar, naturalmente, que en el bolsillo del abrigo estaba la carta que su esposa había escrito.

Una vez a bordo del Carpathia, el buque que los recogió, Esther Hart metió la mano en el bolsillo del abrigo de su esposo y encontró la carta que ella creía depositada en la cartería del Titanic.

Si Benjamín Hart hubiese depositado la carta, tal y como se lo pidió su esposa, esta carta, y naturalmente su historia, abrían desaparecido en el fondo del océano, tal como ha sucedido con los cientos de cartas depositadas en la cartería, y más teniendo en cuenta que el golpe con el iceberg se produjo justo a la altura de la cartería, motivo por el cual fueron los cinco carteros del Titanic (tres ingleses y dos norteamericanos) las primeras personas que murieron en el naufragio.

Esta historia real le sirvió a James Cameron para contar la leyenda de “el corazón de la mar” en su película “Titanic” donde el “malvado” y rico “Celedon Nathal” guardó,  en el bolsillo de su abrigo de pieles, la joya “el corazón de la mar”, que más tarde entregó a Ross para que se cubriese del frio, sin darse cuenta de que en uno de sus bolsillo llevaba la valiosa joya. Una historia real que ha servido para contar otra que ha hecho, y continua haciendo, llorar a millones de personas en todo el mundo…..

 

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