Lo dice basándose en el trabajo de las diez asociaciones que como CAVAS en Madrid que componen la federación en distintos puntos de España y que llevan más de 30 años desarrollando tareas de asistencia a víctimas de agresiones sexuales y programas de sensibilización. Afirma que desde los años ochenta está pendiente la elaboración de protocolos y campañas contra las agresiones sexuales, pero es “una batalla que todavía no se ha ganado”.

“Es muy grave. Doy cursos de prevención a adolescentes y me asombra la mentalidad de ciertos ‘varoncitos’ que agreden a sus compañeras como unaafirmación de su masculinidad y en grupo, con el agravente de que agreden a un perfil de niña que quizá sea más libre que el resto de sus compañeras con lo cual, se creen en el derecho a hacerlo”, comenta.

En este sentido, lamenta que no se incluyera como forma de violencia de género en la Ley Integral, aunque según Naciones Unidas es otra manifestación del mismo machismo, porque eso ha impedido que sus víctimas tengan los mismos recursos de denuncia y recuperación pero sobre todo, que tengan la misma visibilidad en términos de campañas, educación y sensibilización.

“Bien es verdad que en violencia de género en el ámbito de la pareja hay muchas mujeres muertas, pero no hay que olvidar que con la violencia sexual hay que recuperar a una mujer que se enfrenta a la muerte de una parte de su personalidad, de su yo más íntimo. Además, pudiera parecer que los recursos que necesita no son tan imediatos como los de una mujer que necesita salir de su casa, que tiene hijos y necesita un hogar. Es muy dificil hacer entender que todo el apoyo que necesitan“, explica.

Alarcón, tanto desde CAVAS Madrid como en la federación que preside, insiste en la necesidad de poner campañas en marcha e inyectar recursos para dar educación en prevención a los adolescentes porque asegura que en “los últimos cinco o seis años” se ha perdido el apoyo institucional y se ha dejado de proporcionar este tipo de formación en las aulas.

Enseñar a no violar

“La única forma de erradicar este tipo de agresiones es insistir en escuelas, colegios, en la población preadolescente. Es seguir luchando por la igualdad, porque desde el momento en que te convierten en una cosa pueden hacer contigo lo que quieran. Y se nos sigue cosificando. Creo, de hecho, que hemos dado un paso atrás porque en los setenta e incluso a principios de los ochenta remitieron este tipo de delitos y están repuntando por esta cultura de la mujer objeto”, afirma.

En la misma línea, la presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas,Yolanda Besteiro, llama a la educación de los jóvenes porque “hasta ahora, en lugar de reivindicar y demandar socialmente que sean educados en que deben respetar a sus compañeras, en que no deben violar, se ha hecho lo contrario, enseñar a las chicas a defenderse, a que no vayan por determinados lugares a determinadas horas y en definitiva, a limitar su libertad y su movimiento para que los hombres campen a sus anchas y abusen de las que se encuentren”.

“Hasta ahora el patrón es ese y es una violencia completamente invisible. El problema es que está medida con el patrón patriarcal. Es una forma más de violencia de género que cosifica directamente a las mujeres. No se las considera iguales, sino en una posición subordinada en su comportamiento sexual. Se abusa esa faceta y se niega la sexualidad a las mujeres, que están para favorecer las apetencias de los hombres con patrones masculinos”, explica la experta.

En su opinión, “lo que ha pasado en Pamplona es que es tan grave lo que se ha ido produciendo año tras año y tan evidente que lo que se hacía era agredir a las mujeres aún en un abiente festivo, que se ha puesto sobre la mesa que es intolerable y no puede permitirse” destapando toda una reacción social contra una violencia “que permanece invisibilizada”.

La solución pasa por la educación, por enseñar a los jóvenes que no es que los hombres tengan un deseo irrefrenable que no pueden remediar, sino que tienen que respetar la libertad de las mujeres y que cuando una mujer dice no, es un no, ni un tal vez ni un quizá. Un no. La solución no es educarnos a nosotras en que a determinadas horas hay que coger un taxi. Es enseñar a los jóvenes que no deben violar“, afirma.