The KVB (UK), este domingo en La Fábrica de Chocolate Club

noname  Resulta casi imposible creer que este joven vagase sin sello y amparo tutor durante unos meses cuando se trata de una de las propuestas de psicodelia-wave-kraut-post-punk más boyantes y penetrantes, más lúcidas, que ha dado el último par de años en estos géneros en boga extraordinaria.

El tiempo, afortunadamente, pone las cosas en su sitio las más de las veces. Otras no. En el caso de Klaus von Barrel, del que ya os hablamos con su anterior largo para Clan Destine, esa casete de nombre Subjection / Subordination, además de anticiparos algún temaintegrado en este nuevo trabajo, Cronos ha tenido a bien disponer su gesto divino para que el recorrido de The KVB y sus últimas apuestas, de tenebrismo wave tenaz y estriado, reciba la atención que se merece.

Es así como Always Then, su nuevo álbum también para el sello de Plymouth mentado, agotó su primera edición y cuenta ya su segunda para aquellos que no siguieran nuestro consejo en su momento. Como decimos, el tiempo no siempre es bondad, también se escora, aunque afortunadamente a día de hoy y para lo que nos ocupa sólo corrobore las habilidades de este jovencito para cimbrar sintetizadores ásperos y procurar estancias desasosegantes donde la zozobra y lo inquietante derivan en una particular angustia y ansiedad exhaladas por el helor de tinieblas eléctricas y el frío sintético.

Por eso, en parte también, el título adverbial que otorga no sólo es capaz de eternizar su senso, nominación que aprovecha para reclinar clara reverencia a Section 25 y sugerir más de un contagio -que los hay-, sino que clama nostálgico un pasado anhelado y reparador. Pues, las más de las veces -y no es sólo poesía abreviada y mi particular genuflexión-, siempre fue mejor.

Always Then vuelve a camuflar acordes de guitarras y trances de líneas de bajos porfiadas desde energéticos sintetizadores abrasivosy en emulsión que se encrespan con voluminosidad sobrevolando loops vocales que ensimisman, cajas de ritmo percutidas y melodías tumorales retorcidas con alevosía. Adustamente, con lo mínimo (y lo máximo de esta condición).

En sus diez canciones, auténticas intrigas crepitantes con una deferencia ecléctica que antes no tanto concedía, The KVB ostenta aptitudes sobresalientes para la generación de un sonido que alterna la melancolía con acento apocalíptico, la adversa épica del cataclismo próximo y la fantasmagoría sónica del sonido gótico, industrial y el post-punk pasados. Hay tiempo, siempre entonces, para pronunciamientos kraut en espiral, dark-cold-synth wave hipnótica, electro-lo-noir-fi, varias descargas eléctricas, distorsión, extenuación, catarsis, desolación, drones y sordo eco. Así como lo hay para esa cover de Boots, de Nancy Sinatra, que no se ha visto en otra. Postulan claramente al afincado en Londres como uno de los nombres más sintomáticos de este nuevo cuño abstraído en lo estético por lo oscuro, asumiendo legados con honestidad y demostrando sendas derivativas con temblor y acierto luciente. Always Now, entonces; Always Then, ahora.»

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